El cáncer de pulmón es la primera causa de muerte de origen oncológico en la Argentina y en otros cuatro países de América Latina. En el día mundial de concentización y lucha contra esta enfermedad, desde la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) se procura volver a generar campañas para su detección precoz y tratamiento adecuado, así como hábitos y costumbres de vida que permitan minimizar riesgos.

La pandemia de coronavirus generó, como efecto no deseado, que se postergue la visita al médico, ya sea para estudios de control o por la presencia de síntomas que pueden ser confundidos inicialmente con un contagio de covid-19. Por este motivo, muchos de los pacientes que llegan desde el año pasado a la consulta clínica lo hacen en estadios avanzados de la enfermedad, debido al aislamiento y al temor de acudir a los centros de salud.

Según estimaciones del Observatorio Global de Cáncer de la OMS, en la Argentina durante 2018 murieron más personas por cáncer de pulmón que por cualquier otro tipo de cáncer, sobre todo en hombres. En nuestro país, este tipo de padecimiento ocupa el cuarto lugar en el registro oncológico, superando los 11.000 casos anuales detectados.

El cáncer de pulmón es una enfermedad maligna que puede localizarse en el tejido pulmonar propiamente dicho, en el interior de los bronquios o en ambos sitios. Representa una epidemia mundial y el tabaquismo es el agente causal principal de su desarrollo (ver “:::::”). En tiempos de coronavirus, se sumó otra complicación: síntomas como tos persistente, dolor en el pecho al toser o respirar, fatiga y silbidos al respirar, entre otros, pueden llegar a confundirse con los de covid-19, demorando el diagnóstico oncológico, advierte el investigador Ernesto Crescenti, director del Instituto de Inmunooncología que lleva su nombre.

“Especialistas de todo el mundo alertan que un retraso de seis meses en una cirugía por cáncer de pulmón provocaría una reducción de la supervivencia del paciente del 33%”, señala,

Por este motivo, considera fundamental que todas las personas que tengan sospecha ante signos de cáncer, reconozcan la urgencia y no esperen para comunicarse con su médico. Cuando los pulmones se enferman, su deficiencia repercute en el resto del organismo, desencadenando afecciones severas que pueden poner en riesgo la vida del paciente.

Los fumadores tienen un riesgo 20 veces mayor de padecer cáncer de pulmón respecto de quienes no fuman (se incrementa aún más en forma directamente proporcional con el número de cigarrillos/día y con la edad en que se empezó a fumar), aunque en algunos casos este antecedente puede no estar presente; además, el fumador pasivo que comparte un ambiente con humo presenta un riesgo mayor de desarrollar cáncer de pulmón que alguien que nunca fumó.

La importancia de consultar a un neumonólogo permite implementar métodos de detección temprana que reducen la mortalidad en el 20%. La recomendación va dirigida en especial a los tabaquistas activos o recientes que tengan entre 55 y 74 años, para ver si cumplen con los criterios para realizar un screening (rastreo tomográfico). Del mismo modo, iniciar un programa de cesación tabáquica es fundamental como método de prevención secundaria, ya que existen diversos tratamientos con resultados comprobados.

Desde la AAMR (en un documento con el asesoramiento de la cirujana Karina Patané, coordinadora de la sección Oncología de la institución y jefa de Departamento Clínico Quirúrgico del Hospital de Rehabilitación Respiratoria María Ferrer) se insiste en la idea de que el miedo no gane: existen múltiples tratamientos para los distintos grados de avance de la enfermedad, con lo cual el diagnóstico de esta patología no debe ser visto como el final de la vida, sino como una enfermedad grave para la que existen múltiples opciones de tratamiento.

El enfoque multidisciplinario del grupo de salud tratante (neumonólogo, oncólogo, cirujano, médicos paliativistas y otros) mejora las perspectivas de tratamiento y la calidad de vida y pueden convertir al cáncer de pulmón, en casos seleccionados, en una enfermedad crónica en lugar de una mortal.

Las mejores chances de sobrevida con mucho mayores cuando el diagnóstico es en estadios tempranos y es pasible de un tratamiento quirúrgico, pero la mejor manera de evitar la enfermedad es no fumar. También es de suma importancia adoptar hábitos de vida saludables, realizar controles médicos regulares y evitar la exposición a elementos tóxicos que predisponen el desarrollo de tumores.